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    May 09

    NOTICIA CURIOSA

     

    NO DEBERÍA SER YO, QUE SOY TOLEDANA A CAPA Y ESPADA, QUIÉN PUSIERA ESTO, PERO ES QUE ES PARA LEERLO...AL LORO:

    02/05/07 16h 45m
    GENTE
    Tardan toda una noche en rescatar a un americano en Toledo porque no le entendían

    El accidentado gritaba “Help” y los vecinos pensaban que llamaba a “Pepe”.

    Toledo, 2 may. (COLPISA, Juan Vicente Muñoz).
    Que el aprendizaje de idiomas no es una habilidad típicamente española es algo conocido. Un estadounidense de 33 años lo ha sufrido en Toledo en sus propias carnes. Este miércoles fue rescatado por los bomberos con signos de hipotermia de un paraje casi inaccesible en las riberas del río Tajo después de pasarse varias horas pidiendo ayuda. El problema es que mientras la víctima gritaba “Help”, los vecinos más próximos a este lugar pensaban que alguien estaba llamado a un tal “Pepe”. Tuvo que ser una pareja alemana que se hospedaba en un hotel cercano, La Casona de la Reina, la que alertó al recepcionista, Carlos María San Félix –que sí sabe inglés- de que una persona estaba pidiendo socorro.
    Horas antes se había celebrado en las proximidades de este lugar la tradicional romería en honor a la Virgen del Valle en la que muchos acaban bebiendo más de la cuenta. Los vecinos de esta zona de Toledo, conocida como La Cornisa, debieron de pensar que algún borracho seguía celebrando la festividad y restaron importancia a los gritos.

    Lugar inaccesible

    Al final, gracias a esta pareja de alemanes y al recepcionista del hotel se dio aviso al teléfono de emergencias 112 que alertó a una dotación del Parque de Bomberos. Éstos tardaron tres horas en rescatar al infortunado estadounidense a través de un complicado sistema de cuerdas y poleas. “No nos explicamos cómo pudo llegar a este lugar porque es prácticamente inaccesible. Pensamos que se despeñó o que llegó allí nadando y después se quedó dormido”, relató este miércoles el jefe del Parque de Bomberos de Toledo, Isabelo Sánchez.
    Curiosamente, el norteamericano no presenta fractura alguna sino contusiones y rasguños por haber permanecido varias horas en un zarzal y se encuentra ingresado en el hospital Virgen de la Salud de Toledo por la hipotermia sufrida. Que en realidad fuese una víctima más del vino o la cerveza dispensados en la romería es algo que se llevará consigo de vuelta a Estados Unidos.
    Lo que jamás olvidará es que el grito “Help” no es tan internacional como creen muchos norteamericanos.
    January 17

    mas de Toledo

     
     
     
    Otras fotiilos mas de mi ciudad preciosa!! esuna presentacion que me manaron al correo, no tiene desperdicio, a quien le guste viajar le dejara los dientes largos.
    Saludos y saludas!
     
     
     
     
    La vista de Toledo se la he robado a mi niña Maribel, Gracias amor y olé foto bonita q te salio a ti o a David.
     
    November 07

    Leyendas de Toledo


    "A buen juez, mejor Testigo" o "El Cristo de la Vega"


    Cristo de la VegaHabía en Toledo dos amantes: Diego Martínez e Inés de Vargas. Habían mantenido relaciones prematrimoniales y ella, ante el conocimiento que de tal hecho tenía su padre, exige a su joven enamorado que reponga su honor contrayendo matrimonio. Él le contesta que debe partir para Flandes, pero que a su vuelta, dentro de un mes, la llevará a los altares.

    Inés, no muy segura de las intenciones de¡ mozo, le pide que se lo jure. Diego se resiste hasta que ella consigue llevarlo ante la imagen de¡ Cristo de la Vega y que en voz alta y tocando sus pies jure que al volver de la guerra la desposará.

    «Pasó un día y otro día, un mes y otro mes y un año pasado había, mas de Flandes no volvía Diego, que a Flandes partió".

    Mientras, Inés se marchitaba de tanto llorar, ahogándose en su desesperanza y desconsuelo, desesperando sin acabar de esperar, aguardando en vano la vuelta de¡ galán. Todos los días rezaba ante el Cristo, testigo de su juramento, pidiendo la vuelta de Diego, pues en nadie más encontraba apoyo y consuelo.
    Dos años pasaron y las guerras en Flandes acabaron; pero Diego no volvía. Sin embargo, Inés nunca desesperó, siempre aguardaba con fe y paciencia la vuelta de su amado para que le devolviera la honra que con él se había llevado. Todos los días acudía al Miradero en espera de ver aparecer al que a Flandes partió. Uno de esos días, después de haber pasado tres años, vio a lo lejos un tropel de hombres que se acercaba a las murallas de la ciudad y se encaminaba hacia la puerta de¡ Cambrón. El corazón le palpitaba con fuerza a causa de la zozobra que la embargaba mientras se iba acercando a la puerta. Al tiempo que a ella llegó, la atravesaba el grupo de jinetes. Un vuelco le dio el corazón cuando reconoció a Diego, pues él era el caballero que, acompañado de siete lanceros y diez peones, encabezaba el grupo. Dio un grito, en el que se mezclaba el dolor y la alegría, llamándole; pero el joven la rechazó aparentando no conocerla y, mientras ella caía desmayada, él, con palabras y gesto despectivos, dio espuelas a su caballo y se perdió por las estrechas y oscuras callejuelas de Toledo.

    ¿Qué había hecho cambiar a Diego Martínez? Posiblemente fuera su encumbramiento, pues de simple soldado, fue ascendido a capitán y a su vuelta el rey le nombró caballero y lo tomó a su servicio. El orgullo le había transformado y le había hecho olvidar su juramento de amor, negando en todas partes que él prometiera casamiento a esa mujer.

    "¡Tanto mudan a los hombres fortuna, poder y tiempo!».

    Inés no cesaba de acudir ante Diego, unas veces con ruegos, otras con amenazas y muchas más con llanto; pero el corazón de¡ joven capitán de lanceros era una dura piedra y continuamente la rechazaba.

    En su desesperación, sólo vio un camino para salir de la situación en que se encontraba, aunque podía ser un peligro, pues era dar a luz pública su conflicto y deshonor; pero en realidad las murmuraciones en la ciudad no cesaban y todo el mundo hablaba de su caso. Tomada la decisión acudió al Gobernador de Toledo, que a la sazón lo era don Pedro Ruiz de Alarcón, y le pidió justicia. Después de escuchar sus quejas, el viejo dignatario le pidió algún testigo que corroborase su afirmación, mas ella ninguno tenía. Don Pedro hizo acudir ante su tribunal a Diego Martínez y al preguntarle, éste negó haber jurado casamiento a Inés. Ella porfiaba y él negaba. No había testigos y nada podía hacer el gobernador. Era la palabra de¡ uno contra la de¡ otro.

    En el momento en que Diego iba a marcharse con gesto altanero, satisfecho después de que don Pedro le diera permiso para ello, Inés pidió que lo detuvieran, pues recordaba tener un testigo. Cuando la joven dijo quién era ese testigo, todos quedaron paralizados por el asombro. El silencio se hizo profundo en el tribunal y, tras un momento de vacilación y de una breve consulta de don Pedro con los jueces que le acompañaban en la administración de justicia, decidió acudir al Cristo de la Vega a pedirle declaración.

    Al caer el sol se acercaron todos a la vega donde se halla la ermita. Un confuso tropel de gente acompañaba al cortejo, pues la noticia de¡ suceso se había extendido como la pólvora por la ciudad. Delante iban don Pedro Ruiz de Alarcón, don lván de Vargas, su hija Inés, los escribanos, los corchetes, los guardias, monjes, hidalgos y el pueblo llano. «Otra turba de curiosos en la vega aguarda", entre los que se encontraba Diego Martínez «en apostura bizarra".

    Entraron todos en el claustro, "encendieron ante el Cristo cuatro cirios y una lámpara" y se postraron de hinojos a rezar en voz baja. A continuación un notario se adelantó hacia la imagen y teniendo a los dos jóvenes a ambos lados, en voz alta, después de leer "la acusación entablada” demandó a Jesucristo como testigo:

    "¿Juráis ser cierto que un día, a vuestras divinas plantas, juró a Inés Diego Martínez por su mujer desposarla?"

    Tras unos instantes de expectación y silencio, el Cristo bajó su mano derecha, desclavándola del madero y poniéndola sobre los autos, abrió los labios y exclamó: -Sí, juro».

    Ante este hecho prodigioso ambos jóvenes renunciaron a las vanidades de este mundo y entraron en sendos conventos.

    José Zorrilla

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